
Embestidos por la adversidad, caminan sosegados, siguiendo los pasos que sus antepasados legaron sobre la tierra. No tienen motivo para proclamar su venida. Y se muestran como puros espejismos al caminante.
Ajenos al mundo que los rodea, enmudecen sus rugidos, subsistiendo impertérritos al acontecer diario, enclavando sus figuras a la contemplación de quienes lo divisan allí en el horizonte.