martes, 5 de septiembre de 2006

Malditos funcionarios

Cuantas veces hemos dicho esa frase y no dudo que con razón en algunos casos y probablemente en muchos. Los hay también agradables y con ganas de servir al público. A esos gracias.

Yo os voy a hablar de un funcionario atípico, porque es lo menos parecido a un funcionario. Es un funcionario que no está detrás de una “ventanilla”, o detrás de un mostrador, él está en la carretera cuando se ha tumbado un camión de mercancía peligrosa o en un fuego cuando hay peligro para las personas y hay que evacuarlos, cuando huele mal la ciudad y tiene que irse al polo industrial por si hay un escape, o se ha derramado algo al mar, si, el chapapote, eso que se hizo tan desgraciadamente famoso en Galicia.

Esto es por horas y horas, no sale a las tres cuando ocurren estas cosas, ni entra a las ocho, no hay horarios. Y ustedes medirán: “pues para eso le pagan”. Si claro, pero ¿Quién va contento al trabajo? Pocos. El cuando ejerce de funcionario “normal”, tampoco va contento, pero cuando ejerce de funcionario “atípico” va con gusto, sin importarle la hora, ni el frío, ni el calor.

No es él solo, son muchos y a ellos va mi pequeño homenaje.


Fina Lancha